Cuando trabajas en educación infantil ( sea el ciclo que sea) hay miles de situaciones que se escapan de entre los dedos cada día.

Este blog intenta resumir diariamente los comportamientos infantiles y los mios propios como profesional de la educación, y aprender de sus logros, frustracciones, deseos, enfados.... y de mis errores.

Laberinto de Susurros hablará de sonrisas, de mordiscos, de miradas, de caricias, de pellizcos, de abrazos, de besos.... todo aquello que por ser susurros y no gritos, se quedan estancados en el olvido.

Espero que os guste.

martes, 8 de mayo de 2012

Cuando hablar ya no es necesario....

En el aula han llegado dos hermanos de nacionalidad bulgara cuyos padres se defienden con gran dificultad en castellano. Al entrar en clase, los niños recien llegados no "solo" pasaban por el típico periodo de adaptación, sino que además se encontraban en una especie de planeta nuevo en el que los que nos pareciamos a sus padres y los que se parecían a ellos hablaban en un idioma diferente...
Yo imaginaba que cuando me miraban veian a un bicho verde... porque dijera lo que dijera no me entendían, y ellos hablaran lo que hablaran eran incomprensibles para mi pequeña cabezota.

Decidí pues en un principio no entablar conversaciones con ellos y dedicarme a decir solo estas palabras que repetía cuando me contaban algo en su extraño dialecto:

- Tranquilos, no lloréis, yo os voy a cuidar.

E intentaba a la vez que emitia estas palabras parecer lo más tranquila, dulce y fiable del mundo.

Los niños seguian pegados a la puerta hablando sin parar... y yo no entendía nada... asi que decidí abrir la puerta y enseñarles que no había nadie fuera.. y entonces los dos fueron a su mochila y me miraron.

Abri la mochila y allí, en el fondo de aquel bolso que me pareció en ese momento el de Mary Poppins aparecieron dos pequeñas mantitas.  Entendí por la expresión de su cara que era lo que querian, asi que volvi a repetir:

- Tranquilos, no lloréis, yo os voy a cuidar.

En ese momento dejaron de llorar y yo les dí sus mantitas. El resto del día transcurrió de manera normal, jugamos, cantamos, nos abrazamos y realizamos todas las rutinas diarias.

Cuando llegaron sus padres estaban contentos y sus padres con los cuales tambien es complicado comunicarse mostraron su agradecimiento.

Al día siguiente aparecieron de nuevo llorando y chillando. Sus padres se fueron, se volvieron a quedar en la puerta llorando. Yo segui con los demás niños de clase como si nada, pensé que estaba claro lo que querían y lo que tenían que hacer para conseguirlo.

Entonces ..... paso......

El niño se acercó a mi, me tiro de baby y me dijo:

- Tranquilo.

Y dejo de llorar. Mire a su hermana y le pregunte:

- ¿tranquila?

Y dejó de llorar.

Sali y les dí sus mantitas. Pasaron de nuevo muy bien el día.

Poco a poco les estoy quitando la manta en clase... pasan los días y ya apenas se acuerdan de ella,  empiezan a repetir palabras y a preguntar como se dicen las cosas que nos rodean. Dicen mi nombre y cuando cierro la puerta de clase me miran, dejan de llorar y dicen:

- Tranquilos.

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